¿Para qué sirve un #EABE?

Publicamos esta interesante reflexión que nos envía @jrfern
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El EABE es aún joven y bello. Los que lo amamos debemos vigilar las señales de envejecimiento, las repeticiones, las pérdidas de memoria, la desorientación. Para prevenirlas, si se puede; para optar por una muerte digna mientras es hermoso.

El próximo EABE será el sexto. ¿En qué momento está? Nació institucionalmente, como jornadas sobre experiencias educativas con el uso de blogs; encontró su identidad con la reconversión en una demostración de la voluntad y la alegría de un grupo de docentes por ser libres, autónomos e innovadores. Pasamos de experiencias individuales a proyectos colectivos votados en sesiones abiertas. Evolucionamos de las jornadas puntuales al Camino al EABE y al EABE Permanente. El EABE es ambicioso: quiere ser un acto de innovación. No es fácil sostener eso. De hecho es fácil institucionalizarlo, o convertirlo en una marca, o en un sello protector. ¿Somos los mejores, los innovadores de la educación en Andalucía, en España? Ya sé que no se ha dicho, pero debemos vigilar para que no se llegue a decir. ¿Este proyecto X es válido porque se ha presentado en una mesa de tal EABE? Pues no depende del EABE, que lo acoge todo, depende de la calidad del proyecto. No debemos, creo, ser una marca protectora. Ni permitir que se institucionalice, ni perder su carácter revolucionario. A eso me refiero cuando hablo de estar dispuestos a la autodisolución cuando sea necesaria.

¿Han sido un éxito estos seis años? Encuentro a encuentro han sido éxitos de alegría y participación. De crítica y público. Pero empiezan los peros: ¿mismo éxito, mismas críticas, mismo público? ¿Cuánta influencia, cuántas consecuencias? Quizás habría que empezar por cuestionarse la pregunta por el éxito: ¿es el EABE en sí una buena práctica, o una actuación educativa de éxito, una ocurrencia, alguien ha medido algún resultado además de los suyos individuales? Reformulemos la pregunta: ¿para qué sirve un EABE?

¿Para encontrarse con amigos, para hacer una fiesta educativa? Perfectamente válido. De hecho, el concepto de claustro virtual va en esa línea. Y la construcción de un PLE consolidado pasa por desvirtualizar y compartir cevezas, creo que está comprobado. Sentirse parte del EABE tiene el efecto psicológico de curar de la soledad educativa, el complejo de perro verde aislado en un centro, de reafirmar iniciativas porque son compartidas.Y carga las pilas de emoción, se repite tras cada encuentro físico.

¿Es el EABE un acto viral y contagioso? Ahí tengo mis dudas. Evidentemente desde los años de la clandestinidad ha crecido. Creo que como portavoz, o escaparate, o detector (¿cuál de las cosas anteriores es?) de la innovación con tic en Andalucía no filtra el autobombo y no detecta a los que siguen callados en aulas y centros. De los que se han atrevido a ir por primera vez a un EABE, sabemos de los que se quedaron, pero no sé si hemos aprendido de los que ya no volvieron. Unos 250 nos reunimos cada año. Cualquier jornada provincial del sistema de formación reúne si quiere a más de doscientos participantes, en los cursos en línea hay miles de inscritos. ¿Qué hacemos mejor? ¿Lo hemos escrito, está en la guía de acogida a nuevos participantes?

¿Sirve para iniciar y poner en común proyectos innovadores? La duda es múltiple: ¿es un proyecto innovador porque así lo crean sus participantes? Y por otra parte, ¿es el mejor mecanismo para esto? Está bien meter el dedo en el ojo de un par de direcciones generales, hacer lo que deberían hacer ellos, pero… ¿no debemos exigir a la administración que cumpla su tarea, que detecte, facilite, publicite y premie la innovación? ¿Qué queremos ser, ¿la vanguardia bolchevique de la innovación educativa en Andalucía?  ¿o el ejército de panchovilla? ¿hemos avanzado en el tema de la relación con la administración educativa? ¿o todo el mundo piensa que es obviable o que no tiene remedio?

¿Es el EABE insustituible o al menos necesario, si se autodisolviera tendría que reinventarse? Como excusa para el encuentro cualquier proyecto organizado por las redes sociales basta y sobra; también para la organización de proyectos. Como seña de identidad, como bandera (“yo soy del EABE”), la cosa es más difícil de suplir. Porque es una bandera que enorgullece, que representa un mensaje, un compromiso con la educación. Creo que hay una impresión en el aire de que somos importantes. ¿Cómo de importantes? ¿Y por qué, porque todavía podemos entusiasmarnos y nada oficial lo logra? ¿Es suficiente disfrutar de nosotros mismos un fin de semana al año? ¿Nuestro Davos de la educación andaluza, Esteban Llorens dixit? Ante la pregunta relacionada ¿es el EABE influyente, o poderoso?,  mi respuesta es que creo que es demasiado tímido. Hemos resultado ser inofensivos, quién lo iba a decir.

Un EABE permanente requiere una autocrítica permanente. Como el liderazgo del EABE sólo ha sido organizativo, sobre los detalles de dónde y cómo nos vamos a ver la siguiente vez, este cuerpo múltiple genera su pensamiento (¡y su emoción!) por aluviones o a pedradas. Os envío otra piedra, que ruede o se pare aquí depende de vosotros.


Juan Rafael Fernández
http://people.ofset.org/jrfernandez/

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